Tomatillo, maíz y pan de muerto: la despensa mexicana en Alemania

Encontrar tomatillo en Alemania es posible: solo hay que saber dónde buscar. Un recorrido por la despensa mexicana que armamos lejos de casa, entre tiendas, encargos y recetas propias.

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Hay una escena que se repite: llevas unos meses en Alemania, se te antoja un pozole o unos tacos de guisado, abres la alacena y te topas con la realidad. No hay tomatillo. No hay masa. La salsa más picante del supermercado, con todo respeto, es una sugerencia.

Y empieza la búsqueda. Porque una cosa es adaptarse al país que te recibe, y otra muy distinta renunciar a la comida que te crió.

Lo que ya se encuentra

La buena noticia es que la oferta ha crecido muchísimo en los últimos años. En las ciudades grandes hay tiendas latinoamericanas y asiáticas con básicos: chiles secos, tortillas de harina y de maíz, frijoles, salsas embotelladas, algunos dulces. Los supermercados grandes también abrieron pasillos internacionales, y de vez en cuando hay sorpresas.

La parte deportiva

Lo específico es otra historia: tomatillo fresco, masa nixtamalizada, epazote, queso fresco, crema espesa, ciertos chiles de temporada. Eso depende mucho de tu ciudad y de la suerte que traigas ese día. Hay quienes lo resuelven con tiendas en línea especializadas en productos mexicanos que envían a toda Alemania (vale la pena comparar envíos antes de emocionarse con el carrito). Y hay quienes perfeccionaron el arte del encargo: cada visita a México o cada familiar que pasa de visita se convierte en lista optimizada. Una maleta con dos kilos de maíz nixtamalizado es un acto de amor.

Sustituir sin perder el antojo

Con el tiempo uno aprende qué reemplazos funcionan:

  • Crema mexicana: la crema agria alemana y el Schmand resuelven bien según el platillo.
  • Queso fresco: los quesos frescos suaves alemanes cumplen, aunque el sabor cambie un poco.
  • Cilantro: aparece en tiendas asiáticas y en algunos mercados semanales.
  • Chile para botanas: el pasillo internacional tiene más opciones de las que uno recuerda; hay que buscar con calma.

Y una regla no escrita: lo que no se sustituye, se encarga. Esa lista de la maleta vale oro.

El pan de muerto no se negocia

La comida también es calendario. En octubre empieza la temporada de pan de muerto, y alrededor del Día de Muertos la comunidad se activa: hay quien lo encuentra en alguna panadería o tienda especializada (no en todas las ciudades, pero en más de las que uno esperaría), y hay quien se lanza a hornearlo en casa. Si nunca lo has hecho, tiene su reto: la masa, el azahar, los huesitos. Pero el resultado, recién salido del horno en un depa mientras afuera hace siete grados, sabe a México de una manera muy sentimental.

Y si andas por Berlín a finales de octubre, el festival de Día de Muertos del Humboldt Forum tiene un mercado con comida mexicana de temporada que vale la pena. Pero esa es historia del próximo post.

La despensa como excusa

Al final, la despensa mexicana es una excusa para acercarse a otras cosas: a la receta que te dicta tu abuela por videollamada, al amigo que te pasa el dato de la tienda, a los colegas de oficina que quieren probar tu mole y piden "solo un poquito". Entre la comunidad, preguntar "¿alguien sabe dónde encontrar...?" es de las cosas más comunes y más útiles que hay: siempre aparece alguien con la respuesta.

Así que si andas en plena búsqueda del tomatillo perfecto, no eres la única persona. Y si ya tienes tu propia ruta de abastecimiento, considera compartirla: a lo mejor tu dato le resuelve la semana a alguien más.